TRANSAMERICA
TRANSAMERICA de Duncan
Tucker, protagonizada por Felicity Huffman,
la actriz de "Amas de Casa desesperadas".
Tuvo que esperar veinte años para conseguir un protagónico
en el cine, pero el resultado es una actuaciòn sencillamente apabullante. Identidades
en tránsito.
Fuente: Moira Soto, para Página 12 www.pagina12.com.ar
Personas en tránsito hacia una identidad de género distinta de la
biológica con que nacieron, las y los transexuales completan su
arduo y complejo viaje cuando dejan de tener conflicto entre su mente
y su cuerpo, cuando se asumen plenamente, según los casos, como
mujeres o varones. Cosa que ocurre luego de tratamientos médicos
y psicológicos, de entrenamiento físico y de cirugías.
A menudo confundidas/os con travestis –quienes a su vez aceptan
sus genitales masculinos y hacen de la feminidad una subrayada puesta
en escena–, las y los transexuales aspiran a reconocerse y ser reconocidos
sin vueltas, a tener un lugar de pertenencia afín, a asimilarse
al otro sexo siguiendo tendencias y deseos profundos. Si bien la operación
llamada de “reasignación de sexo” y el cambio de nombre
son legales en muchos lugares, las mayores dificultades las y los transexuales
las sufren en todo el proceso que lleva al logro total de sus objetivos.
España, cada vez más a la vanguardia en derechos genéricos,
es el primer país del mundo en donde –desde marzo de este
año– las transexuales mujeres, todavía sin sexo reasignado,
si les toca ir a la cárcel por los motivos que sean, pueden ingresar
a módulos de mujeres. Así lo dispuso por medio de una circular
la directora general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo,
empeñada desde el año pasado en mejorar la situación
de las transexuales presas (no se registran casos de transmasculinos en
esa situación). La idea es que la identidad psíquica prime
sobre la física o la legal, y que el viaje hacia el otro sexo no
sea interrumpido en forma brusca (se prevé la administración
de hormonas si están prescriptas). “Desde hace bastantes
años, se venía pidiendo que las mujeres transexuales estuvieran
en el módulo que le corresponde a su verdadera identidad de género,
independientemente de que estuvieran reasignadas de genitales”,
comentó la actriz Carla Antonelli –primera transexual en
participar de un documental para la TV, en los ‘80– al diario
El País. Responsable del área transexual del PSOE,
Antonelli
aclara que hay personas transexuales que no se hormonan por problemas
de salud, aunque hayan tratado de adaptar su físico por medio de
cirugías. Otras, en cambio, toman hormonas pero no han llegado
al quirófano: “No siempre la meta, el fin último de
esta gente es la reasignación quirúrgica de genitales. Sobre
todo en el caso de los transexuales masculinos –nacidos biológicamente
mujer que transitan hacia el hombre– porque esa cirugía no
está suficientemente desarrollada”.
En cierta forma mutantes que ejercen su derecho a la autodeterminación
del sexo y del nombre, aunque su travesía requiera altas dosis
de coraje y perseverancia, las y los transexuales aspiran mayormente a
construir su identidad sobre modelos imperativos, tradicionales de varón
o de mujer, a formar parte de la mayoría silenciosa. Es lo que
le sucede a Sabrina Claire Osbourne, Bree para amigas y amigos, todavía
Stanley para su provinciana familia, en Transamérica, film protagonizado
por la excepcional actriz Felicity Huffman (la Lynette Scavo de la serie
Amas de casa desesperadas, en su versión original), que se estrena
la semana que viene. A Bree, una semana antes de operarse, le sucede aquello
de “éramos pocos y parió la abuela”: se entera
de que tiene un hijo adolescente de su única relación heterosexual,
una mujer que murió hace poco. Después de huir de su padrastro
abusador, el chico sobrevive malamente como taxi boy en Nueva York y ha
caído preso. Bree va a rescatarlo y emprenden juntos un viaje transformador.
Aunque el cine las/os suele preferir travestis, drag queens, transformistas,
existen algunos films recordables protagonizados por transexuales masculinos
y femeninas. El ejemplo más osado sería el peque Ludovic
de Mi vida en rosa (1997), niñito de siete años que anuncia
muy convencido “más tarde seré una chica”, pateando
el tablero familiar. Del lado masculino, tenemos al Brandon Teena de Los
chicos no lloran (1999), película basada en tragedia real que interpretó
con suma entrega Hilary Swank. Pero probablemente la transexual más
conspicua, complicada y zarpada sea la Tina de La ley del deseo (1986)
de Almodóvar, brillantemente actuada por Carmen Maura. Ella era
Tino cuando se fue a vivir con su padre como amante, luego se cambió
el sexo para ser su mujer pero el progenitor la abandonó. Tina
no vuelve a mirar a otro hombre y convive con una modelo (encarnada por
la actriz, transexual en la vida real, Bibi Andersen). Nuevamente dejada,
Tina es seducida por Antonio, el chico andaluz que, en verdad, la usa
para llegar al hermano de ella, de quien está perdidamente enamorado.
Felicidad sin plumas
Después de haber pasado por un largo y minucioso entrenamiento
físico y vocal para componer a su transexual en Transamérica,
Felicity Huffman se iba al set de Amas de casa desesperadas a reencontrarse
con Lynette, la ejecutiva de carrera que al quedar embarazada dejó
su trabajo porque estar con los niños iba a ser menos estresante...
Lynette tuvo cuatro varones hiperactivos (dos de ellos mellizos) en cuatro
años, lo que en algún momento la llevó a decirles
a sus amigas que ojalá su marido se acostara con otra, y a retomar
finalmente el laburo afuera. El rendimiento de Huffman en el personaje
más logrado de la serie creada por Marc Cherry fue, sigue siendo
–en la tercera temporada– sobresaliente, y ya le ha valido
un Emmy.
Pero el director debutante Duncan Tucker no descubrió la calidad
de FH en la exitosa producción de ABC sino en el teatro, en una
pieza de David Mamet que había visto antes de escribir el guión
de Transamérica. Porque esta actriz de 43, tan lejos de los cánones
de belleza hollywoodense, cuyas acciones empezaron a subir en 2004, es
socia fundadora de la Atlantic Theater Company, junto a Mamet y a William
H. Macy (Fargo, Oleanna), su marido desde 1997. En realidad, Huffman,
muy mimada por la crítica teatral, sólo había hecho
papelitos secundarios en cine pese a que su aparición en la sitcom
Sports Night, a fines de los ‘90, había sido muy bien recibida.
También es cierto que luego de tres años de feliz matrimonio
decidió hacer lo mismo que Lynette: tuvo dos hijas –Sofia
y Georgia– y se quedó criándolas hasta que la llamaron
para Amas de casa... Era una gran oportunidad y William H. se hizo cargo
con la mejor voluntad de las niñas: “Me arremangué
y fui un papá en casa por un largo período. Me gusta ese
status y creo que fue bueno para las chicas”, dice el gran actor.
A Huffman y Macy se los ha podido ver en los últimos años
muy acaramelados caminando diversas alfombras rojas conducentes a entregas
de premios (algunos ganados por la actriz, otros –como el Oscar–
quedaron en candidaturas), ella elegantísima con ropa de diseño.
Sin embargo, FH no siempre se llevó tan bien con su cuerpo: a los
20, no se sentía lo suficientemente flaca, lo suficientemente linda,
con tetas suficientemente grandes para ser actriz. Sabía qué
comer para poder vomitar después. La bulimia devino anorexia, Felicity
llegó a los 45 kilos, se quedó sin menstruación.
Impresionada por la desesperación de su familia buscó un
terapeuta y empezó a tratarse mientras seguía estudiando
actuación y buscando oportunidades. Pero fue su encuentro romántico
con Macy lo que la llevó a revertir totalmente la percepción
negativa de su cuerpo. El convencerse de que él la encontraba deliciosa,
la más sexy de todas fue el reaseguro definitivo. “Tener
dos hijas y pasar los 40 también han contribuido a cambiar mi enfoque”,
sonríe la actriz. “Creo que siempre tuve el cuerpo de una
mujer de 40, entonces, ahora todo encaja.”
“Trabajé mucho para hacer en profundidad a Bree, alguien
muy particular, una especie de madura tía republicana que cuida
las formas pero que no sabe cómo sincerarse con ese hijo que le
ha caído de repente. Aprendí muchas cosas sobre la feminidad,
sobre la diversidad.”
Huffman piensa que sus graves problemas con la comida la ayudaron a comprender,
a identificar el dolor de Bree en Transamérica, un personaje que
no está para nada a gusto en ese cuerpo de varón con que
nació, y que ha luchado tanto para llegar a ser una mujer. Empero,
la actriz reconoce que antes de prepararse para interpretar a Bree no
tenía una idea clara de lo que era ser transexual. Más aún,
cuando Duncan Tucker la llamó, aunque le encantó el guión,
le dijo: “Gracias, es muy bueno, pero creo que necesitas a un hombre
porque todo el mundo sabe lo que llevo debajo de la pollera: una bombachita
de Versace”. “Pero él, que es un tipo muy inteligente,
me advirtió: ‘No estamos hablando de El juego de las lágrimas
2, no es acerca de lo que hay debajo de tu falda, es sobre lo que hay
en tu corazón”, recuerda Felicity. “Duncan piensa que
los transexuales femeninos son realmente mujeres, por eso quería
a una actriz como protagonista. Tuve mucha suerte de que él me
convocara, este personaje es muy querido por mi corazón.”
Felicity Huffman, a su vez una persona adorada por los equipos que han
trabajado con ella en el cine, el teatro y la tele, se deshace en elogios
hacia sus compañeros de reparto en Transamérica: “Todos
están geniales: Fionnula Flanagan, Elizabeth Peña, Graham
Green, Burt Young... Estoy fascinada con Kevin Zegers en el papel de Toby,
mi hijo, fue un gran acierto elegirlo entre un montón de chicos”.
Por otra parte, la intérprete se muestra muy agradecida al director
por la libertad que le dio para construir a Bree: “Yo proponía
pelucas, formas de caminar, le contaba mis conversaciones con mujeres
transexuales, y Duncan me decía: ‘está bien, hacé
lo que quieras’. Me permitió crear el personaje de los pies
a la cabeza. Además de los diversos entrenamientos, de las búsquedas
en Internet, de las biografías, autobiografías y ensayos
sobre el tema que leí, fui a un par de convenciones de transexuales.
Todo para hacer en profundidad a Bree, alguien muy particular, una especie
de madura tía republicana que cuida las formas pero que no sabe
cómo sincerarse con ese hijo que le ha caído de repente.
Aprendí muchas cosas sobre la feminidad, sobre la diversidad”.
“Soy transexual, no travesti”, le dice Bree a su hermana cuando
ésta le busca en el guardarropas un rumboso vestido con plumas,
y a su madre que descree de que ese hijo que resultó ser una hija
pueda tener el período: “Hormonas son hormonas, las mías
y las tuyas vienen en píldoras violetas”. Quizá, después
de todo, Bree vuelva a encontrarse con Calvin, ese indio respetuoso que
se quedó prendado en el camino y que le tapó la boca a Toby
cuando iba a hablar de más: “Toda mujer tiene derecho a un
poco de misterio”.
LAS HORAS
Drama.
USA. 2002
Merry Streep, Nicole Kidman, Julian Moore, Ed Harris-Direccion Stephen
Daldry-
Duración 114 minutos
Por Claudio Orozco para Nexo
“Aun debo enfrentar la horas, las horas después
de las reuniones” dice Richard (Ed Harris) a su
ex amante y ahora amiga Clarissa (Merry Streep) en su
solitaria e infructuosa batalla contra el SIDA.
Muerte –más
precisamente suicidio-es el tema central de Las
Horas- una sombría y digna historia de tres mujeres en tres
diferentes momentos, unidas por su esfuerzo común para llevar adelante
sus vidas, unidas por la novela Mrs Dalloway.
Bajo la direcciòn de Stephen Daldry, quien probó
su capacidad en manejar esta historia particularmente difícil de
llevar a la pantalla del ganador del Premio Pullitzer Michael Cunningham
-las tres actrices principales y los no menos ilustres actores secundarios
brillan en actuaciones por momentos deslumbrantes.
La
obra comienza en 1923, con la autora de Mrs Dalloway, Virginia
Wolf (Nicole
Kidman) quien al mismo tiempo de escribirla, lucha con
su creciente locura
y su propia bisexualidad. Mrs Dalloway no solo reflejará a Virigina
Wolf, sino también
a las otras dos protagonistas posteriormente:
Laura
Brown (Juliane Moore) aparece como la quintescencia de
la esposa norteamericana de la década del 50, pero detrás
de las apariencias, esta su matrimonio sin amor con Dan (John
C Reilly) y la sorpresiva atracción que siente para con
su bella y glamorosa vecina (Toni Collette)
En
la àpoca actual, el tercer personaje central, Clarissa (Merryl
Streep) vive en New York con su pareja femenina (Allyson Jannery),
y su hija (Claire Danes). Visita y cuida a su amigo escritor
Richard (Ed Harris) quien frecuentemente se refiere a Clarissa como Mrs
Dalloway.
Con
un elenco que se completa con una estupenda Miranda Richardson en una fugaz pero significativa participaciòn como la hermana de
Virginia Woolf, Las Horas refleja poéticamente
las palabras de la escritora inglesa: “No existe el lugar donde
se pueda evitar la vida”.
A medida que avanza en su desarrollo, se devela un clima chejoviano, en
donde el complejo y enmarañado tapiz de la vida se despliega lentamente
ante el espectador, saltando de personaje en personaje, y en elipsis temporales
que van de la década del 30, al 50, a la actualidad. Y digo chejoviano,
porque como en las obras de teatro de ese autor, bajo los acontecimientos
cotidianos, vá germinando algo inquietante, la sensaciòn
que una bomba esta a punto de estallar en cualquier momento.
No obstante los saltos temporales y a una cierta morosidad mas propia
del cine europeo que del norteamericano, el espectador puede seguir sin
inconvenientes esta “tour de force” narrativa, acompañada
por una impecable factura técnica: Montaje, fotografía,
color, sonido y la inquietante, obsesiva banda de sonido del minimalista John Cage.
Pero por sobre todo, están las actuaciones superlativas de las
tres actrices principales: Una contenida Julian Moore, una sensible Merryl
Streep (heredera , sin duda, de los laureles que la inolvidable Bette
Davies supo conseguir) y la ganadora del Oscar a la mejor actriz protagónica
de la Academia por esta actuaciòn Nicole Kidman, no sólo
irreconocible con su nariz de “mastic” sino por ser Virginia
Wolf con sus manos ajadas, su mirada perdida, su andar cansino, su voz
pastosa.
Las Horas tiene momentos deslumbrantes, de
una extraña y conmovedora poesía : El “naufragio”
en la cama del hotel donde Laura Brown intenta suicidarse, el funeral
del pequeño pájaro en un jardin bajo la luz del atardecer,
o cuando Clarissa irrumpe en llanto mientras prepara la fiesta, presintiendo
que algo terrible va a suceder.
Si querés ver una película que te alegre y distienda, frente
a una pizza y una cervecita o un tintillo, no es ésta una elección
que te recomendaría a la hora de ir al video club.(En ese caso
te recomendarìa- si no la viste todavía- Legally
Blonde con Reese Witherspoon,
una mariconeada divertidisima!!)
Pero si esperás ver algo que te conmueva por su contenido y belleza,
y que probablemente sea motivo de una charla posterior –si es que
la ves acompañado/a– entonces sí , animate y alquilala
.Sintetizando
(cosa casi imposible para el que suscribe), la he catalogado como una de
las cinco películas mas bellas que he visto en mi vida….y –modestamente– considero que he visto muchas!
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