GÉNEROS DE AMANTES
Atribución
de género y heterosexualidad obligatoria en un grupo de estudiantes
de secundaria
Prof. Graciela Amadío
– Lic. Alejandra Sardá
Escrita en el cuerpo – Buenos Aires
Descripción del estudio
Lo
que vamos a compartir hoy con ustedes son los resultados de una pequeña
investigación que hicimos con alumnas y alumnos de tres cuartos
años de una escuela secundaria de Capital Federal.
A cada grupo le entregamos cuatro textos breves, de los que habíamos
eliminado toda referencia al género de los personajes (utilizamos
la arroba - @ - en lugar de las vocales que “marcan” género-
“a”, “o”). Les pedimos a las alumnas y a los alumnos
que los leyeran y que, para cada texto, indicaran de qué género
eran l@s protagonistas/narrador@s y quienes se relacionaban románticamente
con ell@s, fundamentando qué elementos de la historia o qué
cualidades del personaje se lo indicaban. Esa fue la única indicación
que recibieron.
El primer texto (El Reencuentro) es un fragmento del cuento “Lovers”,
de Liz Hess, publicado en la revista “Conditions” (New York,
1987) que narra el reencuentro de una pareja de lesbianas. El segundo
(La Aventura) es un testimonio de una mujer heterosexual, casada, que
narra una aventura extramatrimonial con otro hombre que cambió
su percepción acerca del mundo y de las relaciones. Lo extrajimos
del libro “Mujeres y amor” de Shere Hite (trad. Rosalía
Vázquez; Barcelona: Plaza & Janés, 1988). El tercero
(El Consultorio) es una carta enviada por un gay al consultorio sentimental
de la revista Gay Times, de Londres (# 245, February 1999), donde cuenta
la difícil relación que mantiene con su ex pareja. Y el
cuarto (La Cita) es un testimonio de un varón transgénero
que cuenta su romance con una mujer, recogido por Holly Devor para su
libro “ FTM. Female-to-Male Transsexuals in Society” (Indiana
University Press, USA, 1997).
Los objetivos del estudio fueron los siguientes:
• Estudiar la atribución psicológica de género
en esta población. Esto es: en ausencia de imágenes físicas,
¿qué rasgos caracterológicos utilizan para atribuir
una identidad de género?. Nos interesaba evaluar en qué
medida esta población juvenil seguía los estereotipos que
marcan el género femenino y el masculino en nuestra cultura, y
en qué medida se apartaba de ellos. También nos interesaba
evaluar si existían atribuciones no convencionales de género,
es decir, de géneros otros, diferentes de los tradicionales.
• Estudiar la incidencia del concepto de heterosexualidad obligatoria
en esta población. Esto es, si leerían todos los vínculos
posibles como heterosexuales o si se permitirían leer algunos vínculos
como lésbicos, homosexuales o cualquier otra variante no hetero.
También quisimos ver en qué medida el género de un
personaje condicionaba el género de los que se relacionaban con
él o ella.
• Estudiar las características atribuidas por esta población
a los vínculos heterosexuales, lésbicos, homosexuales u
otros que surgieran, y su mayor o menor distancia con los estereotipos
vigentes.
Atribución psicológica de género
Los características que “marcaron”
como masculinos a los personajes para la mayoría de participantes
de ambos sexos fueron las siguientes:
- Uso de malas palabras (“las mujeres no hablan así”,
“habla como hombre”).
- Infidelidad (“los que engañan son los hombres).
- Dificultad para expresar los sentimientos.
- Impulsividad, prepotencia.
- Hacer sentir a su mujer que está loca porque ella quiere
vivir su vida.
- Separar la atracción física de los sentimientos.
- Salir con amigos a tomar cerveza.
- Tomar la iniciativa en una relación.
Las características que “marcaron” como femeninos a
los personajes para la mayoría de participantes de ambos sexos
fueron las siguientes:
- Escribir cartas a un hombre que le gusta (“Forma de conquistar
delicada, no tan material”).
- Desesperación por saber si ha sido engañada.
- Desesperación ante la idea de pensar que pueda haber perdido
a su amor.
- Capaz de luchar contra todo por amor.
- Deseo de vivir cosas nuevas.
- Imposibilidad de separar el sexo del amor.
- Emotividad, sensibilidad.
- Búsqueda de compromiso, de relaciones estables.
Veremos ahora en qué características hubo diferencias entre
varones y mujeres. Si bien ambos coinciden en que la “desesperación”
abiertamente expresada es una característica indicadora de feminidad,
hay una palabra que los varones repiten una y otra vez para explicar por
qué un personaje es mujer: “histérica”. Las
mujeres nunca utilizan esa palabra.
En la primera historia (El Reencuentro – Lesbianas), el personaje
que para la mayoría es varón duerme en un sofá, en
el living de la casa que comparte con su familia. Esta característica,
que a las mujeres no les llama la atención, es mencionada por varios
varones como indicadora de masculinidad: “lo mandan a dormir al
sofá”. Este mismo personaje – connotado por ambos sexos
como “rudo”, “que oculta sus sentimientos” y “frío”,
sufre – sólo en versión de las mujeres- un proceso
redentor: “se da cuenta de lo que siente por ella tiempo después
y se arrepiente”.
En la segunda historia (La Aventura – Hetero), donde el personaje
mayoritariamente caracterizado como femenino vive una relación
donde se siente asfixiada y una aventura extramatrimonial le permite reencontrarse
con se sensación de estar viva, los varones sólo mencionan
la necesidad de “buscar cosas nuevas” del personaje, mientras
que las mujeres dan como razón principal de la aventura que “las
opiniones de las mujeres no son tomadas en cuenta en la pareja”
o que “la función que cumple la mujer en una relación
es mucho más agotadora que la del hombre”.
En la tercera historia (El Consultorio – Gay), las mujeres mencionan
tres características del personaje narrador – mayoritariamente
caracterizado como femenino por ambos sexos- que los varones no señalan:
1) sufrir una y otra vez por el abandono de su pareja;
2) dejarse llevar por el amor y ser manejada;
3) ser la que pide explicaciones, la que trata de calificar qué
pasa en la relación de pareja.
Ninguna alumna ni alumno, en ninguna de las historias, consideró
que algún personaje pudiera haber sido transgénero. En la
segunda historia (La Aventura– Hetero) donde más se “vieron”
relaciones lésbicas u homosexuales – una minoría de
alumnas caracteriza a los personajes como “de sexo indefinido”
(“porque son homosexuales y la sociedad los discrimina). Lo mismo
sucede en la primera historia (El Reencuentro – Lesbianas), donde
los personajes son “indefinidos” porque tienen características
tanto masculinas (molestarse cuando son dejados) como femeninas (perdonar)
o porque (“los homosexuales ocultan su condición por miedo
a la discriminación pero como él estaba desesperado, no
le importó
quién pudiera verlo).

El 75% de los varones y el 80% de las mujeres “vio” por lo menos
una relación homosexual o lesbiana en las historias. Es decir que
sólo un 25% de los varones y un 20% de las mujeres pudo pensar únicamente
en términos de vínculos heterosexuales; para la mayoría,
la posibilidad de relaciones gays y/o lésbicas está integrada
al campo probable de relaciones erótico/afectivas.

Tanto
entre varones (37%) como entre mujeres (43%), las más mencionadas
entre las relaciones no-heterosexuales fueron las relaciones lésbicas.
Las mujeres “vieron” más relaciones gays que los varones:
39% contra 12%, mientras que ellos “vieron” más relaciones
de ambos tipos que ellas: 25% contra 19%.
Hubo
una historia que tuvo una abrumadora mayoría de caracterizaciones
heterosexuales, como es el caso de la primera (El Reencuentro - Lesbianas),
que sólo fue definida como “lesbiana” por una alumna
en toda la muestra. En el otro extremo se encuentra la segunda historia
(La Aventura – Hetero), donde para un 66% de los varones y para un
73% de las mujeres la aventura en cuestión era (mayormente) lesbiana
o gay. También en esta historia una minoría (4% en ambos géneros)
caracterizó a la relación estable de la protagonista como
lésbica.
La cuarta historia (La cita – Trans), fue leída como gay por
el 12% de las mujeres y por el 16% de los varones, y como lesbiana por el
4% de ambos grupos. Y la tercera historia (Consultorio – Gay) fue
leída como lesbiana por el 4% de los varones, y como gay por el 2%
de los varones y de las mujeres.
¿Cuáles son las características que llevaron a las/os
respondentes acaracterizar una relación como no heterosexual?
La condena social de
una relación aparece como el elemento principal para imaginar que
se trata de un vínculo entre dos personas del mismo sexo. La narradora
de “La Aventura” afirma en un momento de ella y su amante “vivíamos
con personas que hubieran acabado por hacernos creer que estábamos
loc@s” y que “necesitábamos demostrar nuestra cordura
... que nuestras creencias e ideas sobre las relaciones humanas no iban
tan descaminadas”. Este párrafo es abrumadoramente citado para
demostrar que se trata de una relación entre dos mujeres o entre
dos hombres. Aparecen también referencias a que los personajes “son
discriminadas/os”, “la sociedad no las comprende”, etc.
En muchísima menor medida aparecen rasgos caracterológicos.
Un personaje puede ser gay porque:
- Habla delicadamente.
- Es vueltero.
- Se arriesga a confesar sus sentimientos aunque lo pueden discriminar.
- Es exagerado, sentimental, romántico.
- Actúa de acuerdo a su corazón, sin importar lo que
diga la sociedad.
Los indicadores de lesbianismo en los personajes, serían:
- Arriesgarse a declararse por carta, “por si la discriminan”.
- Ser comprensiva y dejar a su pareja cuando sabe que ésta
no es feliz.
- Hacerle descubrir a la pareja el afecto, la cordialidad.
- Atreverse a desafiar los prejuicios por seguir lo que siente.
Como se desprende de las cifras que incluimos en el primer párrafo,
fueron contadísimos los casos en que el género de un personaje
determinó per se el de quien o quienes se relacionaban con él
o con ella. En la primera historia (El Reencuentro – Lesbianas) –
que una vez más aparece como aquella donde predominaron los estereotipos-
un 4% tanto de mujeres como de varones dio como argumento para la atribución
de género “porque el otro es varón”, “porque
lo más común en la ley natural es la relación hombre/mujer”,
etc. Esto se repitió en un porcentaje menor (2%) en la cuarta historia
(La Cita – Trans) y en la segunda (La Aventura – Hetero), para
estar completamente ausente de la tercera (El Consultorio – Gay) –
que fue la que movilizó más comentarios del tipo “esto
me pasó a mí” y donde no hubo lugar para fundamentos
en abstracto sino más bien del tipo caracterológico. Las mujeres
de esta muestra tienen una tendencia ligeramente superior a dar argumentos
heterosexualistas.
Caracterización de los vínculos
Como no se apreciaron diferencias entre la caracterización de vínculos
gays y lesbianas, los agruparemos –como hacen nuestras/os participantes-
bajo el rótulo común de “vínculos homosexuales”.
Algunas características mencionadas para estos vínculos son:
- Lleva tiempo decidirse a concretarlos, por miedo a la discriminación.
- Encontrar a la pareja homo con alguien del otro sexo produce indignación.
- Una lesbiana es tan comprensiva que es capaz de dejar a su pareja
si ve que ésta no es feliz.
- Tienen ideales y tratan de demostrarlos.
- Pasaron por lo mismo y se entienden; buscan lo mismo en una relación.
- Cada una/o puede mantener sus ideas y creencias, el otro/la otra
no le impone las suyas.
- Te hacen sentir libre.
- Algo nuevo, que rompe con los prejuicios y el conservadurismo, fuera
de la rutina.
- La sociedad no les permite demostrar sus sentimientos.
- Las personas lo toman como algo que hay que arruinar, una relación
enfermiza.
- Nunca a una persona homo le va a gustar alguien del sexo contrario.
En cuanto a las relaciones heterosexuales, las características más
mencionadas son las siguientes:
- Los que engañan son los hombres, y no sienten culpa; las
mujeres no son infieles.
- Los hombres no se comprometen, las mujeres sí.
- Una chica/hombre más joven puede devolverle la vida a alguien
que vive un matrimonio gastado.
- Después de un tiempo se vuelven rutinarias, aburridas.
- Las opiniones de las mujeres no son tomadas en cuenta en la pareja.
- Las mujeres reprochan más cuando algo está mal en
una relación.
- Los hombres usan a las mujeres.
- Los hombres terminan las relaciones en forma “chamuyera”.
- A los hombres les cuesta más presentar en serio y directamente
sus sentimientos.
- Quien sale lastimada siempre es la mujer.
- Las mujeres manipulan para conseguir lo que quieren.
- Los hombres se fijan más en su placer que en la pareja.
- Los hombres hacen cosas para ganarse a las mujeres (las invitan
a salir, les hacen regalos), ellas aceptan todo.
Conclusiones
- En cuanto a la atribución psicológica de género,
notamos una persistencia de los estereotipos culturales acerca de qué
es un hombre y qué es una mujer. En el caso de los varones, las características
mencionadas remiten a la acción, la fuerza y la disociación
interna; en el caso de las mujeres, remiten a lo emocional, a la dependencia
afectiva con un otro y cuando aparece una característica “masculina”
– como la capacidad de arriesgarse- enseguida se le adjudica una motivación
“femenina” – por amor. El único elemento que nos
pareció apartarse un poco de este esquema tan rígido es la
atribución a las mujeres del “deseo de vivir cosas nuevas”,
que las coloca en un lugar de potencialidad y movimiento.
- En cuanto a la heterosexualidad obligatoria, su muy relativa incidencia
nos parece el rasgo más interesante de este estudio. A diferencia
de generaciones anteriores, estas jóvenes y estos jóvenes
parecen vivir en un mundo donde las posibilidades de relación son
más diversas. Aunque la heterosexualidad sigue siendo predominante,
ya no es exclusiva y quienes sostienen su “inevitabilidad natural”
son una minoría, al menos en esta población.
- En cuanto a la caracterización de los vínculos, las relaciones
homosexuales aparecen idealizadas; con fuertes connotaciones de rebeldía,
desafío y compenetración casi “perfecta” de pares.
En contraste, las heterosexuales aparecen marcadas por la desigualdad entre
varones y mujeres, la distancia y la incomunicación; ligadas a “lo
que debe ser”. Las únicas relaciones heterosexuales que aparecen
connotadas en forma positiva son las transgresoras (las que mantiene una
persona casada con otra más joven). No hay referencias a los vínculos
homosexuales como patológicos, ni como condenables. La homosexualidad
aparece como una forma de rebeldía romántica perseguida por
una sociedad intolerante y de miras estrechas.
En este sentido nos parece importante destacar cómo las historias
donde hay o ha habido sufrimiento y abandono (“El Reencuentro”,
“El Consultorio”, el vínculo marital en “La Aventura”)
son connotadas en su mayoría como heterosexuales. La relación
que la mayoría vio como gay/lésbica (la de amantes en La Aventura)
es la que está presentada como más positiva, la que significa
la apertura a un mundo nuevo para quienes la viven. La historia de “La
Cita”, que es romántica y “con final feliz”, fue
la segunda más connotada como gay/lésbica y tuvo un alto porcentaje
de lecturas “heterosexuales transgresoras” (profesor/alumna,
conferenciante / admiradora más joven).
Creemos que este estudio puede ser un indicador interesante – a ser
ratificado o rectificado por investigaciones más profundas y rigurosas-
de que por lo menos en algunos sectores urbanos y de clase media, el trabajo
de visibilización que han realizado gays y lesbianas desde la apertura
democrática ha rendido sus frutos, y ha llegando el momento de profundizarlo y enriquecerlo. |